Diferencia entre valor y precio

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diferencia entre valor y precio

Os voy a contar un par de historias:

Alberto y Lorena son una pareja de Madrid de 30 años que allá por el año 2007 decidieron comprarse un piso. Llevaban varios años juntos y vivían en un piso de un familiar que les dejaba el alquiler muy barato (menos de 300€), pero como ambos trabajaban empezaron a mirar pisos.

Les gustó uno muy bonito de 3 dormitorios con garaje y piscina comunitaria. Fueron al banco y éste les concedió el crédito por el 90% del precio de la casa poniendo como avalistas a los padres de ambos. La letra se les quedaría en 740€.

Al cabo de 6 años, Alberto está en el paro y se le ha acabado la prestación de desempleo. Lorena trabaja de camarera y tiene que hacer más horas que un reloj para llegar a los 1.000 € de ingresos con los que tienen que pagar la hipoteca y la letra del coche. No da para más. Para el resto de gastos les están ayudando los padres de él pero no saben hasta cuando podrán seguir haciéndolo porque son pensionistas y apenas tienen para sus gastos.

Silvia tiene 20 años, trabaja 30 horas en un supermercado y gana 750 €. Actualmente tiene un buen teléfono móvil pero una amiga suya le comenta que se va a ir de viaje a Estados Unidos y que se puede traer el último modelo de Iphone 100€ más barato que en España. La compra le supondría aún así más de 500€ y como está pagando más de 200€ de la letra de un coche apenas le quedarían 50€ para pasar el mes. Aún con esto decide comprarse el móvil porque “es una pasada” y además “sale genial de precio”.

Entender la diferencia entre valor y precio

Estos son solo dos ejemplos, aunque podríamos contar cientos, de cómo el desconocimiento de la diferencia entre valor y precio hace estragos en las economías de muchos de nosotros.

La jovencita del móvil ya tenía un buen móvil y tener uno mejor con prestaciones casi similares, no le va a reportar prácticamente ningún beneficio a efectos prácticos, si exceptuamos la satisfacción subjetiva que le puede producir el tener el último modelo.

Esta satisfacción lo malo es que dura muy poco porque enseguida saldrá otro modelo mejor y empezaremos a buscarle pegas al que tenemos buscando una excusa para comprar el nuevo.

Para tener el móvil nuevo, Silvia tiene que trabajar las 2/3 partes de un mes y además se va a quedar sin salir ni un fin de semana de ese mes porque no tiene dinero. Además tendrá que ir a trabajar en autobús para ahorrar un poco porque la gasolina está muy cara.

La utilidad o beneficio que nos reporta un bien es lo que llamamos valor, mientras que el dinero contante y sonante que tenemos que pagar por él es el precio.

En estos dos casos de arriba hay una dramática coincidencia, el precio pagado por el bien es muy superior al valor real que ese bien tiene para los compradores, lo que ocurre es que muchas veces somos consumidores impulsivos y tiramos rápidamente de tarjeta de crédito sin pensar muy bien las cosas.

Esto no tiene consecuencias graves cuando el artículo adquirido es de bajo precio, pero no pararnos a pensar muy bien en el valor real que nos reporta algo que vale miles de euros puede tener consecuencias muy graves para nuestra economía.

Alberto y Lorena podían haber seguido viviendo en su modesto piso de alquiler e ir ahorrando poco a poco para comprarse uno mejor en el futuro. Incluso en estos momentos en los que solo entra un sueldo en su casa, podrían seguir pagando sus gastos aunque tuviesen que ajustarse un poco el cinturón.

En su lugar decidieron pagar un precio muy alto por su nueva casa y disfrutar de la comodidad de un piso más grande en el que pueden aparcar el coche a cubierto.

Ese extra de comodidad les suponía que mientras que ambos mantuviesen el trabajo, tendrían que apretarse el cinturón y quitarse de gastos como viajes, restaurantes y la angustia de no poder contar con un fondo de ahorro para imprevistos durante muchos años.

Pero no entraron a valorar que si alguno de los dos perdía el trabajo se las iban a ver canutas para hacer frente a sus gastos.

Todo necio confunde valor y precio

Muchas veces hacemos compras de artículos innecesarios para luego escatimar en cosas que nos reportan muchos más beneficios.

Nos dejamos 100€ en él último modelo de gafas de sol pero luego no somos capaces de gastarnos 30€ más en unos buenos cristales para nuestras gafas de ver que las llevamos puestas 16 horas todos los días.

Todos podemos permitirnos un capricho de vez en cuando en artículos que valen unos pocos de euros, pero cuando hablamos de gastos importantes siempre deberíamos hacernos antes alguna de estas preguntas.

¿Realmente me apetece tanto eso como para pasarme X días/semanas trabajando duramente para conseguirlo?

¿Merece la pena desprenderme de ese dinero que posiblemente me pueda hacer falta de aquí a un tiempo para cosas más útiles y correr el riesgo de no poder hacer frente a mis obligaciones de pagos como puede ser la hipoteca o el recibo del gas o de La Comunidad?
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Imagen cortesía de Circle.

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  1. […] Pues eso es lo que es la libertad financiera. Poder elegir en algún momento de nuestras vidas en qué empleamos nuestro tiempo porque tenemos unos ingresos pasivos que nos permiten decidir si trabajamos, si nos dedicamos a nuestros hobbies, a ver crecer a nuestros hijos, en fin, a lo que cada uno valore realmente. […]

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